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lunes, 16 de octubre de 2023

Los Jardines del Buen Retiro.:. Caprichos de un Rey y su Valido. La Casa de Austria y el Retiro. Parte I



De Cuarto Real a palacio y centro de ocio, cultura y poder. Los jardines del Buen Retiro durante el reinado de la dinastía de la Casa de Austria.


 EL Retiro actualmente.


Tres ideas clave para entender el recorrido:


  • El Parque del Retiro, que disfrutamos hoy, tiene sus raíces en la época de la Casa de Austria, una de las dinastías más poderosas de Europa en su momento. Durante su reinado, este parque fue inicialmente concebido como lugar de esparcimiento para la familia real. A partir de la ampliación un Cuarto Real (Felipe II) existente inicialmente en los Jerónimos, siguiendo la tradición de los reyes castellanos.
  • La Casa de Austria gobernó España desde el siglo XVI hasta el siglo XVII, y sus miembros desempeñaron un papel crucial en la configuración de la historia de España y, por ende, de Madrid. Abarca desde el reinado de Carlos I (reinando 1516 hasta 1556) hasta el reinado de Carlos II (1665 y 1700), casi dos siglos, hasta 1700. Tras la muerte de Carlos II, el relevo monárquico pasa a la Casa de Borbón, encarnada en Felipe V.
  • Comenzaremos en el origen de Los jardines, en la Parroquia de San jerónimo el Real, continuaremos descubriendo las dos únicas construcciones que quedan en pie del antiguo Palacio del Buen Retiro, visitaremos la Puerta de Felipe IV para adentrarnos en el Parque actual, veremos el parterre, la fuente de las campanillas, el Estanque grande y finalizamos en el Paseo de las estatuas, reconociendo a los dos reyes que encarnan el comienzo y el final de la dinastía de los Austrias al frente de la Corona española.Comencemos:




El recorrido.


En color verde, a la derecha, Los jardines en el siglo XVI.



Inicio.

El itinerario comienza en el pórtico de la Parroquia de San Jerónimo el Real, conocido popularmente como «Los Jerónimos», fue uno de los monasterios más importantes de Madrid. Junto a él existía el llamado Cuarto Real, luego ampliado como Palacio del Buen Retiro en tiempos de Felipe IV. El edificio actual tiene estilo neogótico.

Anteriormente Enrique IV el Impotente había mandado construir otro monasterio de jerónimos a orillas del río Manzanares en 1463, y poco después, en 1470 había dotado a la congregación de prebendas y privilegios para recaudar impuestos.

Construido a finales del siglo XV por los Reyes Católicos ordenan la construcción en Madrid de un monasterio de monjes jerónimos que sirviera de aposento a la Familia Real en sus estancias en la villa, en el llamado Prado de San Jerónimo, de ahí el nombre. Este monasterio de san Jerónimo se realizó en estilo gótico tardío con influencias renacentistas. En cortes castellanas convocadas en Madrid en el monasterio de San Jerónimo en 1528 por Carlos I, se declaró allí a Felipe de Habsburgo príncipe de Asturias, y fue proclamado heredero y sucesor de los reinos. Con el propio Carlos I, los jerónimos se convirtieron en “aposentadores reales”. Así surgió el germen de lo que luego sería uno de los más grandes e importantes jardines de la corte y un importante legado de la Casa de Austria a Madrid en el siglo XVII.

Felipe II amplía el llamado Cuarto Real, unos aposentos destinados al alojamiento de los monarcas y que serían germen del futuro Palacio del Buen Retiro que crecería junto a San Jerónimo «el Real». Su edificación se encarga a Juan Bautista de Toledo, quien proyecta una serie de habitaciones anexas a la cabecera de la iglesia jerónima para que el piadoso Rey Prudente pudiese asistir a los oficios religiosos sin salir de sus aposentos, algo que se hizo también en El Escorial.

Presbiterio, en color rosa.


El Cuarto Real estaba junto a la fachada del Evangelio del presbiterio, de tal suerte que el rey podía escuchar misa desde su dormitorio, algo que parecía entusiasmarle. La iglesia y el convento estuvieron estrechamente ligados a la vida de la Corte y la monarquía española. El templo fue escenario frecuente de funerales, juras de herederos, bodas y proclamaciones regias, siendo la última de éstas la del rey Juan Carlos I. El monasterio fue un lugar emblemático en la Corte, donde los herederos al trono español juraban como Príncipes de Asturias, desde Felipe II (1528) hasta Isabel II (1833)

Ampliación del Cuarto Real.


Del primitivo edificio subsisten actualmente la iglesia y un claustro, a espaldas del Museo del Prado. El claustro sufrió un progresivo deterioro a lo largo del siglo XIX y tras un acuerdo con las autoridades eclesiásticas, fue recuperado e incorporado al Museo del Prado como parte de la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo. Por su actual aspecto exterior, el claustro se conoce popularmente como “El cubo de Moneo”.



(Nota: En el siglo XVI, Felipe II, rey de España y Portugal, el “rey prudente”, como pasó a la historia, amplía el llamado Cuarto Real, (bajo el nombre de cuarto real se conocen en España se conocen a una serie de estancias en un convento o monasterio destinadas exclusivamente a servir de residencia regia, unos aposentos destinados al alojamiento de los monarcas y que sería germen del futuro Palacio del Buen Retiro que crecería junto a San Jerónimo «el Real». )









Los Jerónimos actualmente. Arriba, el cubo de Moneo.


El Palacio perdido.

En el monasterio de San Jerónimo, situado en las proximidades del Prado, Felipe II hizo ampliar algunas de sus dependencias para su uso privado y lo rodeó de un modesto jardín, que agrandó y adornó con un estanque cuando entró en la corte su cuarta esposa, Ana de Austria. Aquel paraje fue llamado “Cuarto Real de San Jerónimo”, y también “Retiro”, por ser el lugar favorito al que se retiraban los reyes en lutos, Cuaresma, Penitencias, etc. Arrimada a la huerta del monasterio se encontraba también una casa de aves extrañas, denominada por esta causa “El Gallinero”, y que fue precursora de la posterior “Casa de fieras” o jardín zoológico.

Este “Gallinero” era una gran pajarera perteneciente a la condesa de Olivares, que había reunido allí una colección magnífica de aves muy estimada por ella y por su marido, y de la cual hicieron donación a los reyes. Vista la obra en conjunto desde la perspectiva de los siglos, es llamativo comprobar cómo a pesar de su indiscutible valía el Retiro fue uno de los asuntos más impopulares del reinado de Felipe IV. Ello se debió a su estratosférico coste, un costoso esfuerzo a la nación por aquella época, que debió pagar además un impuesto extra para sostener el alocado antojo de su rey. Fue además el Retiro en centro preeminente de la frivolidad y la disipación para el monarca y sus cortesanos, de modo que las fiestas y actos culturales, neumaquias, recepciones...de aquel espléndido parque contrastaban demasiado con los males públicos como para que la opinión pública las viese con indiferencia. El Buen Retiro fue un Versalles español, y con el fin de emular el lujo y el excelso brillo del rey Sol y su corte, Felipe IV lo construyó seguro de superar en esplendor las glorias pomposas del Real Sitio francés. Así surgió una de las mayores empresas del Conde Duque, valido de Felipe IV, que pretendía convertir el Palacio y sus Jardines en el reflejo del poder y la grandeza de la corte española del siglo XVII.

Sus materiales, piedra, ladrillo no son tan suntuosos como los del otro gran palacio de la monarquía de Austria, El Escorial de Felipe II, quizás más por las prisas del Conde Duque de dotar a Felipe IV de un Palacio de recreo y para poder construirlo y dotarlo de la apariencia imperial. Se amplió, al mismo tiempo, con los jardines que pasaron a ser solaz y paseo de nobles y reyes.














El Palacio en su esplendor s. XVII y situación tras la guerra de Independencia s. XIX.

Casón del Buen Retiro, Salón de Reinos y Coliseo.


El Casón:

De este germen del futuro palacio y jardines también es destacable el hoy denominado Casón del Buen retiro que en su época era un pabellón de caza utilizado por Felipe II y posteriormente reutilizado como Salón de Baile por Felipe IV. El edificio, construido en 1637 y situado en la zona de Retiro, frente a la Puerta de Felipe IV, que no le dio ningún uso por lo que hubo que esperar al reinado de su hijo Carlos II para que el edificio entrara en la historia como Salón de embajadores y se encargara al artista napolitano Luca Giordano la inmensa bóveda que, en los siglos siguientes, iba a salvar el inmueble de la piqueta. acoge actualmente la biblioteca del Museo del Prado donde puedes disfrutar de los bellos frescos de Luca Giordano en la Bóveda del antiguo Salón de Embajadores. representa la apoteosis de la monarquía española. El hoy día llamado Casón fue construido por Alonso Carbonell en 1637 como salón de baile del Palacio del Buen Retiro. En origen no fue un edificio independiente, sino una crujía o segmento dentro de una sucesión mayor de edificios. Fue a raíz de perderse los restantes cuando quedó exento.

Los diferentes destinos que recibió el Casón durante el siglo XIX irían modificando su aspecto, máxime tras su incautación en 1868 por el Estado, pues fue estamento de próceres, gabinete topográfico, picadero, gimnasio del príncipe Alfonso y posteriormente, hasta 1961, el Museo de Reproducciones Artísticas, quedando entonces sin uso, para diez años después convertirse en anexo del Museo del Prado para acoger la colección de pintura española decimonónica. El origen de su fachada principal, a poniente o calle de Felipe IV, se debe al ciclón de 1886 que arrasó la primitiva, propiciando el encargo a Velázquez Bosco de levantar otra nueva, la cual ejecutó con una calidad innegable en su sentido clasicista. Desde 1996, el arquitecto Jaime Tarruell viene realizando obras de consolidación, reforma y ampliación del Casón, que aumentará su número de niveles hasta seis y su capacidad hasta 517 obras del siglo XIX.











La bóveda (falsa bóveda, por cierto pues en un cubículo vuelto del revés y colocado después de pintarlo) de Lucas Jordán).

El Salón de Reinos:


Vamos ahora a fijar la vista en el llamado Salón de Reinos, El Salón de Reinos o salón grande fue el auténtico eje representativo del antiguo palacio del Buen Retiro de Madrid, construido entre 1630 y 1635, y el que albergaba las mejores pinturas, casi todas conservadas ahora en el Museo del Prado. El salón debe su nombre a que en él estaban pintados los escudos de los veinticuatro reinos que formaban la Monarquía Hispánica en tiempos de Felipe IV. Sin embargo, su denominación actual más popular es la de Museo del Ejército, debido a que albergó dicha institución entre 1841 y 2005, cuando se inició el traslado de sus colecciones al Alcázar de Toledo. Junto con el Casón del Buen Retiro, el edificio que alberga el Salón de Reinos es el único vestigio. Hoy está en plena restauración y esperemos que vuelva a tener el antiguo esplendor del que es merecedor por su historia.

 



Reconstrucción del Salón de Reinos.

El Coliseo:

El Coliseo del Buen Retiro había sido ya un espacio artístico de primer orden con los Austrias. Se levantó en 1640 como pieza fundamental del Palacio del Buen Retiro que mandó construir Felipe IV. Estaba al lado del que hoy conocemos como Casón del Buen Retiro (Palacio de Bruno Zaldo, actualmente). Aquí estuvo el mejor teatro de la Europa del Barroco. Lo dirigió un italiano llamado Carlo Broschi. Más conocido como Farinelli, “Il Castrato”.

En el Coliseo se representaron por primera vez obras de los grandes del Siglo de Oro, como Calderón de la Barca y Rojas Zorrilla. Pero el recinto languideció tras la muerte de Felipe IV y Carlos II, hasta que Fernando VI ordenó reconstruirlo y convertirlo en el teatro de ópera más importante del siglo XVIII. Y puso al frente del Coliseo a Farinelli.
El Coliseo del Retiro llegó a ser uno de los escenarios más fabulosos de Europa. Un motivo de orgullo para Felipe IV, también llamado “el rey poeta”, en plena decadencia del Imperio. En 1652 se estrenó “Las fiestas de Anaxarte y el amor correspondido”, una obra calderoniana -¡de siete horas de duración!- donde desaparecían los telones y el escenario se abría a los jardines.
Plano del Coliseo.

Representación en el Coliseo.

(Sígueme para continuar el recorrido).

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