Mostrando entradas con la etiqueta Monumentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monumentos. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de septiembre de 2026

 

PIRULO, EL ABUELO DEL RETIRO: EL HOMBRE QUE HIZO FELICES A GENERACIONES DE NIÑOS MADRILEÑOS. 

Durante más de medio siglo, Luis Ortega Cruz cambió cromos, vendió chucherías, ayudó a los más necesitados, defendió el Retiro y hasta salvó la vida de una niña atropellada. Para miles de madrileños, sin embargo, siempre fue simplemente Pirulo.




Hay personajes que no aparecen en los grandes libros de historia, pero que forman parte de la memoria sentimental de una ciudad. Personajes que no necesitan monumentos ni calles con su nombre porque permanecen en el recuerdo de quienes los conocieron.


En el Madrid del siglo XX hubo uno de ellos. Se llamaba Luis Ortega Cruz, aunque prácticamente nadie le llamaba así.

Para varias generaciones de niños madrileños fue, sencillamente, Pirulo.

Durante décadas, su figura estuvo inseparablemente ligada al Parque del Retiro. Allí, junto a la Puerta de América, levantaba su pequeño puesto de cromos, chucherías y globos. Los domingos se convertía en el centro de peregrinación de cientos de niños que acudían con sus tacos de cromos repetidos buscando desesperadamente aquel que les faltaba.

Pero Pirulo fue mucho más que un vendedor de cromos.

Fue un personaje popular, un hombre solidario, un defensor del Retiro, colaborador de iniciativas sociales y protagonista de una historia extraordinaria: la de una niña atropellada a la que consiguió salvar cuando todos la daban por muerta.

Esta es su historia.




📷 PIRULO, ENTRE SUS CROMOS

Luis Ortega «Pirulo» junto a sus cromos en el Retiro. Fotografía publicada por Bocados de Madriz, procedente de El Distrito.


EL NIÑO DE LA CALLE IBIZA

Luis Ortega Cruz nació en Madrid en 1923/1924, en el entorno de la calle de Ibiza, muy cerca del Retiro. Era hijo de una familia humilde procedente de Jumilla, en Murcia.

Su padre trabajaba como albañil y su madre tenía un pequeño puesto donde vendía pipas y otros productos destinados a los niños.

Fue precisamente aquel ambiente el que acercó a Luis al mundo de los cromos.

De pequeño comenzó a coleccionarlos y, con el tiempo, aquella afición infantil terminaría convirtiéndose en su forma de vida.

El apodo de Pirulo le acompañaría durante toda su existencia.

La explicación es bastante curiosa.

Su padre, que al parecer apenas bebía, tuvo un día una sonada borrachera. Un vecino se burló de él diciendo algo parecido a «¡vaya pirula la de tu padre!». El comentario acabó convirtiéndose en el sobrenombre del pequeño Luis.

Lo que probablemente comenzó como una broma de barrio terminó siendo el nombre por el que le conocería todo Madrid. 

1938: COMIENZA LA HISTORIA DE PIRULO

Las fuentes difieren ligeramente sobre el comienzo de su actividad.

El propio Pirulo y algunas fuentes recuerdan 1938 como el año en que comenzó a intercambiar cromos. Su puesto estable junto al Retiro se sitúa posteriormente, desde 1942.

En cualquier caso, hablamos de una relación con el coleccionismo que duró aproximadamente seis décadas.

Entre 1942 y 1995 mantuvo su famoso puesto de cromos y chucherías junto a la Puerta de América del Retiro, además de desarrollar su actividad en una tienda cercana. .

Y allí empezó una historia que acabaría formando parte de la infancia de varias generaciones.


EL «SILE, NOLE» DEL RETIRO

Para los niños de hoy puede resultar difícil comprender lo que significaban los cromos hace cincuenta o sesenta años.

No había móviles. No había Internet. No había videojuegos. Y completar un álbum podía convertirse en una auténtica obsesión.

Primero estaba el álbum.

Después llegaban los sobres.

Y después aparecía el problema inevitable: los cromos repetidos.

Cada niño llevaba su pequeño taco de cromos sujetos con una goma y comenzaba el intercambio con los compañeros.

—¿Sile?

—¡Nole!

—¿Sile?

—¡Nole!

El famoso «sile, nole» se convirtió prácticamente en la banda sonora de aquella infancia.

Cuando un niño estaba a punto de completar el álbum aparecía el gran problema: había cromos que sencillamente no salían.

Y entonces había que ir a ver a Pirulo.


«CUATRO FÁCILES POR UNO DIFÍCIL»

Pirulo tenía sus propias reglas.

Una de las más famosas era sencilla:

cuatro cromos fáciles por uno difícil.

El sistema funcionaba.

Los niños llegaban con sus cromos repetidos y comenzaban a buscar entre las carpetas de Pirulo.

La pequeña tienda de la calle Sainz de Baranda era, para muchos niños, una auténtica cueva del tesoro.

Cromos. Tebeos. Libros. Chucherías. Carpetas transparentes repletas de pequeñas estampas.

La descripción que dejó una antigua visitante del lugar resulta muy gráfica: era una tienda pequeña, oscura, con olor a libros antiguos, donde los niños se agolpaban alrededor del mostrador buscando aquel cromo que se resistía a aparecer.


UNA TIENDA QUE FUNCIONABA SOLA

Hay una anécdota de Pirulo que quizá explica mejor que ninguna otra la confianza que despertaba. Cuando tenía que ausentarse de su puesto, en ocasiones dejaba allí las chucherías y los cromos.

No cerraba. No había vigilante. Simplemente colocaba una estampa religiosa con un mensaje:

«La Virgen te ve».

Los niños cogían lo que necesitaban y dejaban el dinero correspondiente en una pequeña cesta.

Y, aparentemente, funcionaba.

En aquel pequeño puesto del Retiro la confianza formaba parte del negocio. 

Hoy parece casi imposible imaginar algo semejante.


EL DÍA QUE PIRULO SALVÓ A UNA NIÑA

Pero si existe una historia que convirtió a Pirulo en leyenda, es la de Paloma Fraile.

Ocurrió en las proximidades de la calle Menéndez Pelayo.

Una niña fue atropellada por un tranvía —algunas fuentes posteriores hablan de un autobús— y el terrible accidente hizo pensar a los presentes que había muerto.

Pirulo estaba allí.

Sin embargo, no se resignó.

Comprobó que la niña todavía estaba viva y decidió actuar inmediatamente.

La cargó en su carrito y consiguió trasladarla para que recibiera atención médica.

La niña sobrevivió.

Años después, aquella niña, ya adulta, volvería a encontrarse con su salvador.

En 1982, durante un homenaje a Pirulo celebrado en el Retiro, Paloma Fraile estuvo presente.

Era la oportunidad de cerrar una historia que había comenzado décadas antes.


PIRULO, EL HOMBRE QUE AYUDABA A LOS POBRES

La historia de Pirulo no termina en los cromos.

Durante la dura posguerra madrileña se implicó en diferentes iniciativas para ayudar a los más necesitados.

Colaboró en la creación y mantenimiento de comedores infantiles y participó en campañas para conseguir alimentos y ayuda para familias que atravesaban situaciones de extrema necesidad.

También colaboró con el jesuita José María de Llanos en diferentes iniciativas sociales desarrolladas en el Pozo del Tío Raimundo.

Y utilizó su popularidad para hacer algo poco habitual: convertir su espacio en el periódico Pueblo en una plataforma de denuncia social.

Durante años escribió sobre la pobreza, el hambre y las dificultades de las familias trabajadoras de la periferia madrileña. 

Pirulo podía estar vendiendo cromos por la mañana y denunciando la pobreza de Madrid por la tarde.


EL DEFENSOR DEL RETIRO

El parque era mucho más que su lugar de trabajo.

Era su casa.

Por eso, cuando comenzó a preocuparse por el deterioro del Retiro, decidió actuar.

Durante los años ochenta denunció públicamente el mal estado de determinadas zonas del parque y reclamó mayor atención para conservarlo.

Llegó a organizar iniciativas para recaudar fondos y movilizó a miles de personas.

Incluso sorteó colecciones de cromos para conseguir recursos destinados a la protección del parque.

En una entrevista de 1993 explicaba su preocupación por los árboles, los pájaros y los problemas medioambientales del Retiro. 

Pirulo no era solamente el hombre de los cromos.

Era, a su manera, un auténtico activista vecinal y defensor del parque.


«LA DEMOCRACIA DEL CROMO»

Quizá la mejor definición de lo que significaba Pirulo la pronunció él mismo.

En 1995, cuando estaba a punto de retirarse definitivamente, describió los domingos de intercambio en el Retiro como:

«La democracia del cromo».

Y tenía razón.

Allí coincidían niños de todos los barrios.

Niños de familias humildes y niños de familias acomodadas.

Todos tenían el mismo objetivo.

Encontrar el cromo que les faltaba.

Los cromos no entendían de clases sociales.

Y Pirulo tampoco.


EL ÚLTIMO DOMINGO

En noviembre de 1995, Pirulo decidió que había llegado el momento de despedirse.

Había dedicado décadas a los cromos.

El negocio ya no era lo que había sido.

La televisión había cambiado la infancia y los nuevos entretenimientos estaban sustituyendo poco a poco a las colecciones.

Pero Pirulo quiso marcharse como había vivido.

Pensando en los niños.

Para su despedida preparó nada menos que 50.000 cromos.

Los repartió en paquetes para un centenar de niños.

Las colecciones antiguas y más valiosas ya las había ido regalando.

Era el último domingo.

Pero Pirulo no abandonaba realmente el Retiro.

Seguiría visitándolo.

Porque, como él mismo decía, allí tenía parte de su corazón. 


UNA PLACA PARA «LOS NIÑOS DE AYER, HOY Y MAÑANA»

Madrid quiso reconocer su figura.

En 1988 se colocó una placa en el Retiro dedicada a Luis Ortega, «Pirulo».

La inscripción decía y sigue diciendo hoy día:

«A Pirulo, los niños de ayer, de hoy y de mañana».

Es difícil encontrar una frase que resuma mejor su historia.

Porque Pirulo no pertenecía solamente a una generación.

Pertenecía a todas.


El monumento a Pirulo: jardines de Herrero Palacios, muy cerca de la Biblioteca Eugenio Trías.





10 CURIOSIDADES SOBRE PIRULO

1. Su verdadero nombre era Luis Ortega Cruz

Pero prácticamente nadie utilizaba su nombre. Para Madrid siempre fue Pirulo.

2. El apodo nació de una borrachera de su padre

Según la historia que él mismo contaba, una única borrachera de su padre terminó bautizando al pequeño Luis para siempre. 

3. Comenzó a intercambiar cromos antes de la Segunda Guerra Mundial

Diversas fuentes sitúan sus primeros intercambios en 1938. 

4. Su regla era «cuatro fáciles por uno difícil»

Una verdadera ley no escrita del mercado de cromos de Pirulo. 

5. Su puesto podía quedarse solo

Cuando se ausentaba, bastaba la famosa nota: «La Virgen te ve».

6. Salvó la vida de una niña

Paloma Fraile fue atropellada y Pirulo consiguió trasladarla al hospital cuando muchos pensaban que había fallecido. 

7. Ayudó a crear comedores infantiles

Su actividad solidaria fue especialmente importante durante la posguerra. 

8. Escribió en el diario Pueblo

Durante años utilizó una sección semanal para denunciar situaciones de pobreza y ayudar a personas necesitadas. 

9. Defendió el Retiro

Organizó campañas y recogidas de firmas para llamar la atención sobre el deterioro del parque. 

10. Murió en 2009

Luis Ortega falleció el 29 de enero de 2009, a los 85 años, en una residencia de Arganda del Rey. 


EL ÚLTIMO CROMO

Luis Ortega murió en enero de 2009.

Tenía 85 años.

Había pasado buena parte de su vida en torno al Retiro y había visto desfilar ante su puesto a varias generaciones de niños madrileños. 

Los niños que acudían a él en los años cuarenta acabaron siendo padres.

Después llegaron los hijos de aquellos niños.

Y algunos de ellos llevaron a sus propios hijos para conocer al hombre que había formado parte de su infancia.

Eso explica mejor que cualquier monumento quién fue Pirulo.

No fue un personaje famoso.

No salió en las portadas de los grandes periódicos.

No ocupó ningún cargo.

No escribió grandes libros.

Simplemente estuvo allí.

Durante décadas.

Con sus cromos.

Sus tebeos.

Sus caramelos.

Sus globos.

Sus historias.

Y aquella paciencia infinita para escuchar:

—Sile.

—Nole.

—Sile.

—Nole.

Hasta que aparecía por fin aquel cromo imposible.

Y entonces el niño volvía a casa feliz.


PIRULO FORMA PARTE DE LA HISTORIA SENTIMENTAL DE MADRID

Madrid está llena de grandes personajes.

Reyes.

Políticos.

Escritores.

Artistas.

Arquitectos.

Pero también está hecha de personas anónimas que, durante décadas, forman parte de la vida cotidiana de sus vecinos.

Pirulo fue uno de ellos.

Su historia reúne muchas de las cosas que hacen reconocible al Madrid popular del siglo XX: los barrios, el Retiro, los niños jugando en la calle, las colecciones de cromos, las chucherías, los tebeos, la solidaridad vecinal y aquella sensación de que todavía era posible conocer por su nombre a quienes formaban parte de nuestro paisaje cotidiano.

Por eso, cuando paseemos por el Retiro y encontremos su pequeña placa, merece la pena detenerse.

Quizá alrededor ya no haya niños intercambiando cromos.

Pero allí sigue la memoria de aquel hombre.

Luis Ortega Cruz.

Pirulo.

El abuelo del Retiro.

Y, como dice su placa:

«A PIRULO, LOS NIÑOS DE AYER, DE HOY Y DE MAÑANA».



📚 Fuentes y documentación

Para la elaboración del artículo he contrastado las dos páginas que me facilitaste con documentación de EL PAÍS, el Ayuntamiento de Madrid, Telemadrid y una entrevista biográfica del IMSERSO. Entre ellas destaca la noticia de su fallecimiento de 2009, la entrevista de 1993 y el artículo de despedida de 1995.

Fotografía principal: Pirulo junto a sus cromos, publicada por Bocados de Madriz, con procedencia indicada de El Distrito. .

Nota histórica: hay pequeñas diferencias entre fuentes sobre el año exacto en que comenzó su actividad y sobre determinados detalles del accidente de la niña. He priorizado para el artículo las informaciones respaldadas por las fuentes periodísticas y municipales más sólidas.

https://diario.madrid.es/cieaelretiro/monumento-a-pirulo/

.Ver el artículo original de Bocados de Madriz